Héroes (Microrrelato)

•13 julio, 2014 • Dejar un comentario

francotirador


Héroes

No, no es fácil. No es nada fácil ser un puto asesino a sueldo. Para el común de los mortales puede parecer algo sencillo, pero esta es una vida dura, dura y solitaria. Las películas de Hollywood han elaborado un perfil equivocado sobre nuestra vida laboral, aparecemos en el momento preciso con nuestro rifle de mira telescópica, jamás nos tiembla el pulso o nuestra mente se distrae en disertaciones filosóficas acerca del bien y el mal. Apuntamos, disparamos y desaparecemos, todo calculado al milímetro, frío y discreto. Cobramos en mano, dinero sucio, negro pero en efectivo.

Estoy a dos segundos de reventar los sesos de un político corrupto. Dos segundos, solo dos segundos. Llevo meses preparando este trabajo, vigilando, oculto entre el gentío, cronometrando cada movimiento del hijo de puta que, ahora sí, estoy convencido, debe morir.

En poco más de un segundo éste mierda será portada. Otro puto mártir, otro falso héroe de la historia contemporánea.

Un segundo…

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portada_novelanegraII

Microrrelato Finalista en el
II Certamen de microrrelatos sobre Novela Negra Argerust

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Caperucita feroz (Microrrelato)

•30 mayo, 2014 • 2 comentarios

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Caperucita feroz

-Lobito, ¿Por qué tienes los ojos tan grandes?

El Lobo, incrédulo, alza sus orejas al escuchar los primeros compases del “One way or another” de Blondie y contempla la erótica danza de Caperucita, que va desprendiéndose con picardía de guantes, botas y caperuza hasta quedar semidesnuda sobre la cama.

-¡Auuuuuuuuuuuu! -Aúlla el lobo mientras Caperucita coloca una venda sobre sus enormes ojos dorados.

-Lobito, ¿y por qué tienes un hocico tan grande?

-¡Auuuuuuuuuuuuuuuuu! -Aúlla el lobo excitado, olisqueando y lamiendo los pechos de Caperucita. Ésta aprovecha para encadenarlo a la cabecera de la cama y cubre sus fauces con un bozal.

-Has sido un Lobito malo, ¿recuerdas la cantidad de veces que has explicado a mi abuelita la importancia del tamaño? -Exclama Caperucita acentuando sus palabras con el uso de una fusta.

Y mientras la abuelita se afana en buscar la pista “Comanche” en el vinilo de los Revels, Caperucita se va ajustando a la cintura un descomunal arnés fálico.

Este microrrelato participa en el
II Certamen de microrrelatos erótico-románticos Argerust



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Homonimia (Microrrelato)

•18 mayo, 2014 • 4 comentarios

mujer


Homonimia

A menudo, muchas, demasiadas veces, me rehúyes cuando, en sueños, irrumpo en tu alcoba y reclamo que aplaques mi deseo.

Pero otras noches, como esta noche lluviosa, recostada sobre el lado donde reposan tu aroma y tu ausencia, imagino estrechar tu cuerpo en la suavidad de la almohada. Solo esas largas noches cierro a cal y canto las rendijas de mi persiana y te niego.

Pero acompañando al sibilante replicar del vendaval y la lluvia, apareces ante mí con los ojos abiertos. Entonces abrigo mi ternura al calor de tu varonil pecho desnudo, encojo mis hombros y me presto al templado arrullo que eriza mi vello, al escalofrío que azora la piel de mi espalda y aviva el ardor de mi sexo.

En esas noches frías y azuladas, el alocado gemir y el azote del viento logran hurtar mi sueño cuando, con las ventanas abiertas de par en par y entregándote a otra mujer, pronuncias en cada orgasmo mi nombre.

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Solsticio (Microrrelato)

•15 mayo, 2014 • Dejar un comentario

lluviade fuego


Solsticio

La lluvia de fuego que lentamente devoraba la ciudad incrementó su intensidad, pillándonos a todos desprevenidos.

Enormes tizones al rojo vivo rompían chisporroteando contra el ventanal refractario. El personal corría entre las llamas buscando refugio, chillando y sacudiendo las quemaduras de su ropa celestial. En pocos minutos una especie de lava rojiza y humeante cubría las calles…

Al escuchar aplausos abrí mi ventana, el barrio se inundaba de angelitos que, ataviados con trajes ignífugos, lanzaban ascuas voladoras y construían muñecos de ceniza.

-¡Aprovechad diablillos, probablemente sea la última fogatada que veamos hasta el próximo infierno!

Y dejándome caer hacia atrás, me hundí sonriendo en el calor de las brasas.

Amarcord (Microrrelato)

•14 mayo, 2014 • 5 comentarios

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Amarcord

-¡Quieeeero una mujeeeer! -Repite aquel pobre loco encaramado sobre una higuera.

Rebobino y reinicio la secuencia cuando Teo, así se llama el incauto, sujetando un huevo entre los dedos, contempla las excelencias de su curvatura… hasta extraviar la mirada.

La pantalla comienza a tremolar ante mis ojos, obnubilados por el alabeo de una femenil silueta que se acerca insolente, voluptuosa. La nítida desnudez de aquella desconocida supera pronto la del ensueño.

Alborota su cabello y eleva un muslo, removiendo su pie sobre mi sexo. Mi mirada se clava en el suyo fascinada. Me abofetea, me despoja con arrogancia de cintura para abajo y monta sobre mí a horcajadas. Yo me abandono al feroz zarandeo mientras gozo de la asfixia que me brindan sus pechos…

-¡Teo, por dios, baja esa televis…

Dando un respingo abrocho mi cremallera, presionando por error el volumen del mando a distancia. Mi madre se santigua, retira la vista ruborizada y cubre sus oídos…

¡¡¡QUIEEEEEROOOO UNAAAAAA MUJEEEEEEEEEEEEEEEEEER!!!

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Este microrrelato participa en el
II Certamen de microrrelatos erótico-románticos Argerust

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La secuencia de video que nuestro amigo Teo (protagonista del microrrelato) está visualizando, pertenece a la película Amarcord dirigida en 1973 por Federico Fellini y basada en la novela, “Las uvas de la ira” de John Steinbeck.

Le escena en cuestión se puede visualizar el siguiente video de la película completa subtitulada en castellano. Comienza en el minuto 1:13:00 y finaliza en el minuto 1:23:00 (lo que pueden dar de sí diez minuticos, ¿verdad? Jajaja) Pues eso, os dejo disfrutando la secuencia elegida de una película, en mi opinión, imprescindible.





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Pinocho (Microrrelato)

•27 abril, 2014 • 10 comentarios

pinocho


Pinocho

-¡Miénteme otra vez Pinocho, miéntemelo todo!

Y abriendo de nuevo sus piernas, la muñeca de porcelana deslizó entre el barniz brillante de sus ingles mi cabeza. Yo inventaba potentes mentiras, aspirando el aroma del barro que se derretía por sus muslos. El feroz perfume a arcilla horneada penetraba en mis fosas nasales, provocando ligeros estornudos que la hacían estremecerse de placer. Ella empujaba mi cráneo de ébano con fuerza, envolviendo mi nariz en el profundo lodazal de sus encantos…

Sentí vibrar la mesita de noche y fui consciente de que en ese instante eran requeridas mis mayores falsedades y calumnias. Pero tentado por experimentar nuevas sensaciones, me fue entonces inevitable decirle la verdad.

-Te quiero. Perdón, te odio. Pero… te amo, aunque…

Así, entre mentiras piadosas, que de inmediato rectificaba por medias verdades, sus orgásmicas convulsiones fueron acercándonos al borde, para precipitarnos al fin sobre una mullida colcha, donde nos aguardaban decenas de muñecas impacientes y hermosos peluches de terciopelo.

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Finalista del II Certamen de microrrelatos erótico-románticos Argerust



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Microrrelatos sobre el Silencio

•8 abril, 2014 • Dejar un comentario

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El Silencio

-¡Dios ha muerto!
-¡Ateo, sinvergüenza, deberías hablar solo sobre temas de los que entiendes!–
Afirmó antes de jurar voto vitalicio de silencio.

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Para garantizar la máxima concentración de nuestros cirujanos, solicitamos a los pacientes guardar absoluto silencio. Al menos mientras perdure la huelga de anestesistas.

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Con su teoría lograba rebatir esa creencia popular de que los extremos se juntan. Pero perdió todo el sentido en la práctica, cuando aquel infernal ruido dejó paso al silencio.

silence
Tan solo un desgarrador mugido rompía el silencio en el coso taurino. Cómplice de la barbarie, el graderío se mostró incapaz de decir ni Mu!

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Un silencio categórico protagonizó el rotundo fracaso del I Congreso Mundial de Amigos Contra el Ruido.

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Aquella muerte inesperada conmocionó a la población, que enmudecida, repudió con la mirada a quien osó plantear un minuto de silencio.

silent
Cuando el silencio se acomodó como una losa en su relación, intentaron salvarla adoptando un lenguaje de signos común: rehuir la mirada…

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Indagaba con frecuencia todo el espectro del dial, pero jamás logró hallar una voz que manejara con elocuencia el sublime arte del silencio.


Me gusta cuando callas…

-Me gusta cuando callas porque estás como enterrado…
(Gritos lejanos)
– …Vivo!!!


Me gusta cuando callas…(versión Asesino)

Torpedo Vega
-Me gusta cuando callas porque estás…
Prendió un pitillo, arrojó aquel libro de poemas sobre el cadáver.
-…de cuerpo presente!


No podían faltar unos juegos malabares…

Cuando el chillido de Tarzán se oía en la selva, todos se escondían y guardaban silencio. Así mataron a la Chita: callando!

Todo estaba oscuro (Microrrelato finalista CFE)

•26 marzo, 2014 • 4 comentarios

oscuridad


Todo estaba oscuro

Asustado, bajó de la cama y caminó palpando el armario, continuó recorriendo el perímetro de la habitación pegado a la pared, la puerta ya no podía estar lejos. Alzó su pequeña mano, logrando hallar por fin el interruptor, pero al pulsarlo nada ocurrió, la oscuridad seguía envolviéndole.

El instinto de supervivencia guió las yemas de sus dedos por el cable que surgía del dispositivo, siguiéndolo hasta trepar a la cornisa. Ayudado por la tenue luz de la luna, escaló la fachada para llegar a la azotea. Pero una vez allí, comprobó como aquel cable continuaba su ascensión por el aire, desapareciendo en el cielo estrellado.

Algo en su interior le pedía tirar de aquel cable con todas sus fuerzas, y así lo hizo durante varias horas. Solo descansó al divisar la enorme esfera brillante que emergía del horizonte, allá donde se encontraba el otro extremo del cable.

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Este microrrelato fue seleccionado como uno de los quince finalistas del II concurso de microrrelatos CFE

Un nuevo amor (Microrrelato)

•13 marzo, 2014 • 8 comentarios

deshojando_margaritas


Un nuevo amor

-Me quiere, no me quiere y ¡me quiere!
De pronto se vio rodeada de flores deshojadas y comenzó a estornudar. Siempre le ocurría en estas ocasiones, era alérgica, pero no sabía exactamente a qué.

Esperanza (Microrrelato)

•12 marzo, 2014 • 2 comentarios

abrazo


Esperanza

Jamás había creído en aquel dicho, puesto que una vez perdida la esperanza, aún le quedaría la vida. Una vida sin vida, sí, pero con Esperanza, que contradicción.

No la perdería dos veces, la confusión mental propinó que arrojara el arma y se dejara abrazar por su esposa zombie.

 
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