Mucho ruido y pocas nueces (Microrrelato)

•21 septiembre, 2014 • Dejar un comentario

judas


Mucho ruido y pocas nueces

¡Ya puestos a hacer milagros, o se convierte la sopa en filete, o el tenedor en
cuchara!
—dijo Judas visiblemente enfadado…
Se levantó de la mesa y acudió en busca de su salario.

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Este microrrelato participó en la segunda ronda del XIV Concurso de microjustas literarias de Ociozero. El reto consistía en “cocinar” una historia con 50 palabras (utilizando como ingredientes obligatorios unas nueces y un tenedor, además de dar un gusto salado al menú resultante)

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Lágrimas (Microrrelato)

•15 septiembre, 2014 • 4 comentarios

tras_las_amapolas


Lágrimas

Coincidí con él en este lado. Charlamos, recordamos duros años en el otro. Le relaté mi final, víctima de las lágrimas de Amapola, lágrimas adulteradas, lágrimas mortales.

Si yo hubiera muerto como él, entre las Flores, no dudaría, no dudaría en volver a reír…

Pero nunca tuve un clavel.

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Este microrrelato participó en la primera ronda del XIV Concurso de microjustas literarias de Ociozero
El reto consistía en escribir una historia en 50 palabras con el tema: “Muerte entre las flores” (sin hacer mención alguna a la película que lleva el mismo título)

De tal palo, tal astilla (Microrrelato)

•22 julio, 2014 • Dejar un comentario

bourbon


De tal palo, tal astilla

-¿Le pongo otro, abuelo?

En otro tiempo hubiera asentido lanzando una fría mirada, pero antes de entrar a aquel tugurio abandoné las malas pulgas al fresco. Veinte años de talego serenan a cualquiera.

Cogí el aliento justo para responder amablemente, para entonces el cristal del vaso transparentaba los destellos del ámbar. Disimulando coloqué entre mis labios un cigarro tembloroso y miré de reojo al escenario, recordando su última mirada…

-Me temo que no la veremos bailar en un buen tiempo, el jefe está que trina y los moratones tardan en curar, ¿entiende amigo? -Me confió inclinado sobre la barra y ofreciéndome un fósforo encendido. Lo enganché del cogote, acercando el cigarrillo a su mejilla.

-¿Ves por aquí algún amigo? ¡Dame la dirección! ¡Vamos, canta!

Debía evitar tanto sufrimiento. Memoricé, bebí el bourbon de un trago y salí buscando mis malas pulgas…
Minutos después descolgaba el teléfono observando los cadáveres.

-¿Policía? Deseo entregarme. Mi hijo acaba de cometer un crimen pasional.

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Este microrrelato participa en el
II Certamen de microrrelatos sobre Novela Negra Argerust

Héroes (Microrrelato)

•13 julio, 2014 • Dejar un comentario

francotirador


Héroes

No, no es fácil. No es nada fácil ser un puto asesino a sueldo. Para el común de los mortales puede parecer algo sencillo, pero esta es una vida dura, dura y solitaria. Las películas de Hollywood han elaborado un perfil equivocado sobre nuestra vida laboral, aparecemos en el momento preciso con nuestro rifle de mira telescópica, jamás nos tiembla el pulso o nuestra mente se distrae en disertaciones filosóficas acerca del bien y el mal. Apuntamos, disparamos y desaparecemos, todo calculado al milímetro, frío y discreto. Cobramos en mano, dinero sucio, negro pero en efectivo.

Estoy a dos segundos de reventar los sesos de un político corrupto. Dos segundos, solo dos segundos. Llevo meses preparando este trabajo, vigilando, oculto entre el gentío, cronometrando cada movimiento del hijo de puta que, ahora sí, estoy convencido, debe morir.

En poco más de un segundo éste mierda será portada. Otro puto mártir, otro falso héroe de la historia contemporánea.

Un segundo…

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portada_novelanegraII

Microrrelato Finalista en el
II Certamen de microrrelatos sobre Novela Negra Argerust

Caperucita feroz (Microrrelato)

•30 mayo, 2014 • 2 comentarios

redridinghood


Caperucita feroz

-Lobito, ¿Por qué tienes los ojos tan grandes?

El Lobo, incrédulo, alza sus orejas al escuchar los primeros compases del “One way or another” de Blondie y contempla la erótica danza de Caperucita, que va desprendiéndose con picardía de guantes, botas y caperuza hasta quedar semidesnuda sobre la cama.

-¡Auuuuuuuuuuuu! -Aúlla el lobo mientras Caperucita coloca una venda sobre sus enormes ojos dorados.

-Lobito, ¿y por qué tienes un hocico tan grande?

-¡Auuuuuuuuuuuuuuuuu! -Aúlla el lobo excitado, olisqueando y lamiendo los pechos de Caperucita. Ésta aprovecha para encadenarlo a la cabecera de la cama y cubre sus fauces con un bozal.

-Has sido un Lobito malo, ¿recuerdas la cantidad de veces que has explicado a mi abuelita la importancia del tamaño? -Exclama Caperucita acentuando sus palabras con el uso de una fusta.

Y mientras la abuelita se afana en buscar la pista “Comanche” en el vinilo de los Revels, Caperucita se va ajustando a la cintura un descomunal arnés fálico.

Este microrrelato participa en el
II Certamen de microrrelatos erótico-románticos Argerust



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Homonimia (Microrrelato)

•18 mayo, 2014 • 4 comentarios

mujer


Homonimia

A menudo, muchas, demasiadas veces, me rehúyes cuando, en sueños, irrumpo en tu alcoba y reclamo que aplaques mi deseo.

Pero otras noches, como esta noche lluviosa, recostada sobre el lado donde reposan tu aroma y tu ausencia, imagino estrechar tu cuerpo en la suavidad de la almohada. Solo esas largas noches cierro a cal y canto las rendijas de mi persiana y te niego.

Pero acompañando al sibilante replicar del vendaval y la lluvia, apareces ante mí con los ojos abiertos. Entonces abrigo mi ternura al calor de tu varonil pecho desnudo, encojo mis hombros y me presto al templado arrullo que eriza mi vello, al escalofrío que azora la piel de mi espalda y aviva el ardor de mi sexo.

En esas noches frías y azuladas, el alocado gemir y el azote del viento logran hurtar mi sueño cuando, con las ventanas abiertas de par en par y entregándote a otra mujer, pronuncias en cada orgasmo mi nombre.

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Este microrrelato participa en el
II Certamen de microrrelatos erótico-románticos Argerust



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Solsticio (Microrrelato)

•15 mayo, 2014 • Dejar un comentario

lluviade fuego


Solsticio

La lluvia de fuego que lentamente devoraba la ciudad incrementó su intensidad, pillándonos a todos desprevenidos.

Enormes tizones al rojo vivo rompían chisporroteando contra el ventanal refractario. El personal corría entre las llamas buscando refugio, chillando y sacudiendo las quemaduras de su ropa celestial. En pocos minutos una especie de lava rojiza y humeante cubría las calles…

Al escuchar aplausos abrí mi ventana, el barrio se inundaba de angelitos que, ataviados con trajes ignífugos, lanzaban ascuas voladoras y construían muñecos de ceniza.

-¡Aprovechad diablillos, probablemente sea la última fogatada que veamos hasta el próximo infierno!

Y dejándome caer hacia atrás, me hundí sonriendo en el calor de las brasas.

 
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