Duelo al Sol. (Relato Breve)

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Duelo al Sol.

Sureste de Arizona. El sol de mediodía castiga con dureza las áridas tierras del desierto de Sonora. En las afueras de Tucson, dos hombres permanecen frente a frente bajo la atenta mirada de un nutrido grupo de chiricahuas y mescaleros, en su mayoría mujeres, ancianos, y niños, que aguardan pacientemente el desenlace sentados a la sombra de las desvencijadas vigas de un antiguo establo.

El tórrido viento del sur rompe el silencio con un silbido constante y perturbador, creando constantes remolinos de almajo, polvo y arena seca que ruedan sin rumbo fijo entre las piedras y la escasa vegetación que se aventura a echar raíces en semejante paraje. Dos perros mestizos sin dueño olisquean inquietos la zona mientras un tercero, con más años que el hambre que padece, dormita aburrido, tumbado junto al que parece el más viejo de los nativos.

-¡Devuélveme mi caballo!- Solicita Matt con voz grave y amenazante, provocando una pequeña contracción bajo el ojo izquierdo de Darren, su adversario, que girando levemente su mandíbula y sin dejar de observar el rudo semblante de Matt, lanza sobre la arena un largo escupitajo del tabaco negro que mastica.

-¡Quizá lo haga!- Responde Darren arrugando sus ojos y agudizando su clara mirada, la comisura de sus labios se curva por un instante, revelando una fugaz sonrisa maliciosa.

La seriedad que refleja la tez curtida de Matt no se inmuta, extrae con lentitud el guante de su mano izquierda y con la derecha retira la delantera de su gabán, descubriendo la brillante empuñadura de ribetes plateados de su vieja Peacemaker calibre 45.

Las cabezas de los nativos giran al unísono de un hombre a otro sin perder un solo detalle, fijando esta vez la mirada en la cintura y las manos de Darren, que con gesto desgarbado, se despoja de su pelliza raída, arrojándola con fuerza hasta los brazos de un adolescente mescalero. El impacto levanta una pequeña nube de polvo seco adherido al cuero, que, tras provocar una mueca de disgusto en el joven, se eleva mecida por el aire hasta dispersarse.

Tras varios minutos de silencio contenido, el rostro de Matt muestra un gesto de asentimiento a una de las indígenas, esta se levanta con cierta pereza, provocando el lamento del bebé que porta bajo la manta que cubre su pecho, recoge una piedra del suelo y se coloca a unos metros de distancia de la línea que separa a los dos contendientes. Mira a Darren, esperando una señal afirmativa para arrojar al cielo la piedra que, al caer al suelo, indicará el comienzo del duelo.

Las gotas de sudor inundan la frente de Darren, provocando un terrible escozor al penetrar en sus ojos mezcladas con partículas de polvo. Matt estudia con precisión el lenguaje corporal del contrario, apreciando el temor y el nerviosismo que invade su interior. Darren reclama el lance con un doble gesto de aprobación hacia la mujer chiricahua. La india, da un paso hacia atrás antes de lanzar la piedra hacia arriba con energía. La visión de varios mescaleros es cegada por los rayos de sol que se cruzan con la trayectoria de la piedra.

El eco de un disparo seguido de una histérica carcajada puede escucharse retumbar desde las lejanas colinas, que ondulan difuminadas en el vasto horizonte del desierto de Tucson debido al efecto abrasador del sol.

Un cuerpo cae al suelo, de su mano izquierda surge el destello brillante de la plata tallada en la empuñadura de un colt aun sin desenfundar, después se escucha el impacto de la piedra contra la tierra seca, tierra que absorbe el rojo metálico que mana paulatinamente bajo el pecho del pistolero, alimentando las raíces de un nopal moribundo, mientras los perros se disputan a lametazos la busqueda del orificio que causa el brote de la sangre.

-Lo prometido es deuda.- susurra Darren caminando hacia el caballo de Matt. El equino abre ampliamente los orificios nasales y agita su cabeza resoplando inquieto mientras mira de reojo aproximarse al forajido. Su pupila dilatada refleja las manos de Darren recargando el hueco vacio del tambor de su revólver. Tras él, varios niños de larga melena negra, aprovechan para despojar al cadáver de sus escasos objetos de valor.

Uno de los chicos más avispados, llamado Crin de Caballo, sujeta con firmeza el bello revólver plateado de Matt, dos de sus menudos dedos acarician con nervio el gatillo, apuntando directamente a la espalda del asesino.


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~ por Gotzon en 1 julio, 2010.

8 comentarios to “Duelo al Sol. (Relato Breve)”

  1. Tenía ganas hace tiempo de escribir un western, este es el resultado, me he entretenido mucho haciéndolo y me gusta como ha quedado, que lo disfrutéis. BANG BANG!! 😀

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  2. Guauuuu, he sentido la boca seca mientras lo leía, el sol abrasador, he visto los remolinos de viento en la tierra… y el final me encanta!!! Lo has clavado

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  3. Uy Gotzon, de aquí a la novela en un pis pas. Enhorabuena.

    Un abrazo

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  4. Muy bueno Gotzon, además lo he leído con música, y parece una estar en el lejano oeste…
    un saludo

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  5. El ambiente está muy logrado. Por poner alguna pega yo revisaría ciertas repeticiones como el verbo “provocar”.

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