Una carta inesperada. (Microrrelato)


Una carta inesperada.

Estimado amigo, como es de buena educación y elegancia y siempre me he considerado un hombre meticuloso, en primer lugar me gustaría presentarme. Mi nombre es Lisardo Evelio Millán Velasco.

Me atrevo a remitirle esta modesta carta a modo de saludo cordial con motivo del inminente viaje que usted está destinado a realizar. Una de las funciones que me ha sido encomendada como orientador es la de acudir a dar recibimiento y mostrar sus nuevos aposentos a los recién llegados. He de decir que me siento sumamente orgulloso de mi trabajo y estaré encantado de darle la bienvenida como usted merece.

Es mi costumbre pasear tranquilamente entre las lúgubres calles de tan ilustre morada con objeto de presentar debidamente a cada uno de los convecinos de éste singular paraje. Esta costumbre mía ha sido tan bien acogida, que últimamente resulta inevitable encontrarse cada noche con gran parte de sus habitantes más antiguos intercambiando impresiones con los nuevos inquilinos que voy alojando. Entre usted y yo, puedo confirmarle que antes de mi nombramiento este lugar era bastante solitario y desolado.

Usualmente me siento a esperar bajo este ciprés centenario a mi amada Saturia y a su hermana Gelsumina, pero esta noche Serbando, el alcalde, me ha comunicado la llegada de un nuevo vecino. En este caso el futuro residente no es otro que Ulpiano Menéndez, un hombre derecho y gran conversador con el que quisiera disputar cortésmente sobre distintas ideas acerca de lo divino y de lo humano, no hace demasiado tiempo desde que Ulpiano recibió, he de decir que con cierto escepticismo y bastante desagrado, una misiva similar a la que ahora le remito a usted.

En otra ocasión prometo desvelarle personalmente las conclusiones a las que hayamos llegado, le aseguro que tendremos oportunidad de compartir largo y tendido en un futuro cercano.

Ahora, mi apreciado lector, le dejo continuar su apacible vida, esperando coincidir aquí cuando esta por fin termine, hecho que adivino, sucederá en breve. No en vano, puedo intuir que los próximos minutos los dedicará usted a pensar en ese elocuente epitafio que desearía para ser colocado sobre su tumba.

Atentamente: Lisardo Evelio Millán Velasco.


Anuncios

~ por Gotzon en 3 mayo, 2010.

4 comentarios to “Una carta inesperada. (Microrrelato)”

  1. Entre la risa y el miedo : ¡Lagarto!¡Lagarto! Muy bien escrito.

    Me gusta

  2. No me apetece morirme pero el trato es exquisito. Lo tendré en cuenta para cuando crea que merece la pena hacer un viaje de este tipo.
    Si recibo un correo electrónico con esta carta, le daré al reenviar a todos.
    Un saludo

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: