Atardecer. (Microrrelato)


Atardecer.

El viejo se sienta cansado al sol en el banco de piedra junto al pórtico de la iglesia. Aquel banco debe ser aun más viejo que él, el musgo que lo cubre ya ha dejado de tener color verdusco para dibujar un sinfín de círculos grisáceos, similar al de los fósiles que recogía de joven en la sierra. Por un instante se pregunta donde habrá quedado aquella colección de caracolas convertidas en piedra con el paso del tiempo.

Un niño pasa veloz a su lado montado en su bicicleta roja, él nunca tuvo bicicleta hasta que empezó a trabajar las tierras de quién después fue su suegro. A diario se levantaba de madrugada para ir con su padre al campo hasta el anochecer, un trabajo duro el de labrador, que tenía su recompensa cuando, a media mañana, la Tere llegaba con su sonrisa y el almuerzo, con el pelo recogido y aquel pantalón holgado que dejaba intuir sus encantos femeninos.

Una mosca se posa sobre la mano que sostiene su bastón, el viejo contempla el pequeño trayecto que recorre sobre sus nudillos antes de volver a volar. Aquellas grandes manos que fueron seguras y recias a la hora de trabajar y a la vez suaves y cálidas recorriendo la piel de su amada, esas curtidas y afanosas manos, aparecen ahora arrugadas y temblorosas.

El viejo desenvuelve sin prisa un caramelo sabor café, recuerda el aroma que inundaba su hogar en las tardes cuando, después de comer, se sentaba en la cocina con la Tere para hablar de los hijos y la escuela, de la tierra y el trabajo, de la leña y la despensa, del tiempo y del amor…


El sol deja caer sus últimos rayos sobre la boina del viejo, que apoya sus cansadas manos en el bastón y reclina su frente sobre ellas cerrando los ojos, su boca perfila una leve sonrisa antes de abrazar el sueño final.

La tarde llega a su fin, la rueda trasera de una bicicleta roja derrapa sobre el envoltorio de un caramelo de café espantando a la mosca que se deleitaba en él. Se escucha una voz de mujer desde el otro lado de la calle.


-¡Abuelo! ¡Ya es hora de cenar!

Anuncios

~ por Gotzon en 12 febrero, 2010.

2 comentarios to “Atardecer. (Microrrelato)”

  1. No lo había leído pero me gusta el tono evocador. Los recuerdos, desde la vejez, siempre son enternecedores. Es un bonito relato.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: